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Análisis de "Ori"

“La vida de un hombre es un largo rodeo alrededor de su casa”

Héctor Tizón


Llama la atención, más que la película en sí, las condiciones en las que se fraguó y se resolvió este trabajo de colaboración hispano-georgiana. Tanto en reseñas de periódicos como en entrevistas al director, es muy poco el espacio que se le dedica a la trama de la historia, y con razón, ya que la historia de esta película es, en verdad, el drama de un reducido grupo de españoles que se proponen rodar un documental sobre la guerra en Georgia y llegan tarde. En ese grupo estaba el director Miguel Ángel Jiménez, el cual, ante la coyuntura a la que se enfrentaba su proyecto sobre la guerra en un lugar ya sin guerra, no tuvo mejor idea que reescribir en dos días un nuevo guión y rodarlo en tres semanas. Este nuevo guión sería de ficción. Algo así como decir que si no hay guerra, nos la inventamos. Y se rodó la película, con actores locales, con escenarios naturales, a quince grados bajo cero, con un mínimo presupuesto, entre soldados y fronteras. Y la película salió, se montó, se envió a festivales y los ganó. Sin embargo, uno tiene la sensación de que la verdadera historia nunca se contó.


Ori significa “dos” en georgiano, y todas las sinopsis que podemos leer sobre esta película orientan el sentido del título a su narración estructurada a partir de dos historias paralelas, pero yo creo que “dos” no hace referencia al tipo de narración que vemos aquí, sino a que antes de esta (dos), hubo otra película (uno) que nunca se rodó.


Me hubiese gustado ver esa película que nunca existió, y no me refiero ya al malogrado documental sobre la guerra, sino al de la experiencia de dos, tres o seis españoles que ven frustrado su deseo de filmar un conflicto bélico en un país desconocido, que se quedan sin película y tienen que buscarse la vida porque ya están ahí, entre las ruinas mobiliarias y personales que, sin duda, terminaron siendo también sus ruinas.


“Ori” podría haber sido la película dentro de la película, generando con sus estéticas imágenes el contraste ideal entre la desgracia y la belleza, entre lo que es y lo que se cuenta, y quizás, también, entre la actual realidad georgiana y la española. Algo así como una ficción sobre georgianos en la Georgia de siempre dentro de un documental sobre españoles en una Georgia circunstancial. ¿No veis aquí una sinopsis apetecible? ¿No leéis aquí una historia?


Y es que si la imaginación se me dispara hacia opiniones sobre trabajos que nunca existieron es porque lo que sí existe, me sabe a poco. Me sabe a una fábula realmente escrita en dos días, me sabe a potentes imágenes a falta de potentes palabras, me sabe, más que a una noche de cine, a una trasnoche de diapositivas, diapositivas acompañadas de la narración en voz alta de alguien que está aprendiendo a leer, y que por esta circunstancia, sólo es capaz de compartir con los espectadores las palabras y los párrafos leídos, pero no su contenido.


Ahora Miguel Ángel Jiménez está trabajando en un nuevo proyecto donde Kazajistán es la palabra clave. Esta noticia nos confirma dos cosas, por un lado, el velado interés del director por los países como herramienta narrativa, y por otro, que si este segundo trabajo es planteado con los esquemas del primero, es decir, ficción impersonal y fotografía por un tubo, no hace falta que lo haga porque ya nos lo podemos imaginar perfectamente.

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