Buscar
  • afverba

15-M Época difícil dicen

“¿Mas cómo incorporar a una crónica silencios y ademanes brevísimos y actitudes y biografías enmendadas y desafíos?” Carlos Monsiváis

Época difícil dicen, y difícil se nos hace una palabra entre miles. Difícil viene siendo desde antes de pronunciar siquiera la palabra época, difícil fue siempre, nunca dejó de serlo para los que hemos nacido de ese lado tan necesario del acontecer delictivo que es la víctima, aquellos que vamos de parche en parche construyendo lo que al final del día se presenta como el evasivo bien que sucede a la pregunta ¿Cómo te fue hoy, cariño?, y dado el momento, no sería raro suponer que quien pregunta y quien responde fuese, en más de un caso, la misma persona.

¿Qué elementos se combinan para que un movimiento como el 15M llegue a donde no llegaron las tropecientas revoluciones que se quedaron en un triste domingo por la tarde? Quizás las respuestas más solidas las encontremos en la sociología, en la psiquiatría o en la no tan lejana biología, sin embargo cabe resaltar un asomo de verdad carente de ciencia; la monstruosa necesidad de abrir esa intimidad en la que cada uno vino ahogando los motivos del evasivo bien con el que fuimos cerrando cada jornada. Colectivizar la intimidad de manera que lo que nos una no sea la adversidad sino la noble aspiración de encontrarnos mejor. De ahí el carácter democratizador imagino, de ahí la constante proclama de que aquí hay lugar para todos, de ahí quizás también la reivindicación de los espacios comunes, la verborrea pacifista, las famosas comisiones, las pancartas juguetonas y el reír por no llorar que, cabe destacar, solo se pudo mantener vivo todo un año gracias a ese otro concepto que se extendió a este lado del delito y que, a falta de soluciones políticas, nos avivó: la inspiración.


En efecto, el 15M no sólo se convirtió en tiempo record en un acontecimiento político, periodístico y social, también lo fue a nivel artístico, siendo así el mismo 15M la noción con la cual podemos ahora englobar toda una serie de problemáticas que antes parecían atomizadas también en el mundo del arte.


Esta idea, con lo que respecta a la expresión cinematográfica, nos conduce a una doble aportación, por un lado un terreno atiborrado de contenido y con cierta urgencia por darse a saber, y por otro la cadencia estética que se deduce de una multitud que acampa en el centro de la ciudad, una multitud que va a buscar al culpable a la puerta de su casa, una multitud que aplaude sin hacer ruido y, en última instancia, una multitud que por momentos parece convertirse, en ojos de quien se la encuentra, en una única persona.


“Banderas falsas” (2011) del vasco Carlos Serano Azcona parece, junto con “#Indignados” (Antoni Verdaguer, 2011) los claros exponentes de ese cine que nació en el seno del acontecimiento y que mayor difusión tuvieron (exceptuando la ingente producción de aquellas comisiones dedicadas a tal fin). Ambas hablan con ese lenguaje de lo inmediato, con la incertidumbre del no saber todavía las magnitudes, con la urgencia del documento por encima de la pausada construcción de planos y la definida certeza contemporánea de que por aquí está pasando la Historia y yo tengo una cámara en la mano.


Algo similar sucede en “Tahrir 2011” (Tamer Ezzat, Ayten Amin y Amr Salama, 2011) donde se narran los hechos del 25 de enero en el Cairo, considerado por la mitología periodística como el desencadenante de una revolución que, en sus múltiples facciones, fue uno de los propulsores del posterior 15M. En esta misma línea en la que se va haciendo historia también tenemos la británica “La caída de Lehman Brothers” (Michael Samuels, 2010) donde un impertinente carácter ficcional da paso a un crudo escenario donde Wall street, la reserva federal y la compra de activos resultan los extremos conclusos a los que se llega si nos detenemos un momento a atar cabos.


Pero el acontecimiento 15M también tramitó una mirada, nos educó en una nueva lectura de las películas realizadas con anterioridad, como la magnífica “El taxista ful” (Jo Sol, 2005) en donde, a través de la historia de un hombre en paro que decide robar taxis para trabajarlos por la noche, se plantea, con el enroque del falso documental, las imposturas de un mundo complejo y asfixiante que sólo se puede seguir habitando desde la locura, o eso parece creer el protagonista, ya que si algo parece ir definiéndose en el devenir de este pobre hombre es que todo sistema tiene sus brechas, incluso el económico.


Una rareza que congrega el problema del empleo y la inmigración es el mediometraje “Me llamo Peng” (Victoria Molina y Jahel Guerra, 2010). Peng es un inmigrante chino que recorrió parte de Francia y Cataluña empleándose en labores de escasa compensación económica y nula aportación al desarrollo personal ¿les suena? En el trenzado de los espacios de trabajo, las horas de comida y las heridas en su cuerpo, esta película destila esa otra verdad que increíblemente algunos parecen no saber que existe, que es la de no estar en tu casa, que es la soledad de una habitación de alquiler sin ventanas, que es no hablar el idioma y que es pasarlo como el culo y no ser culpable de nada. Mención especial se merecen algunos monólogos de Peng como el que trata directamente la condición de inmigrante: “El primer año tratas de hablar con optimismo a los demás, el segundo año hablas solo, y el tercero ya no dices nada”.

Y dando un salto cualitativo ya nos podemos sumergir en una enorme lista de películas que, vistas desde esta nueva perspectiva, no sólo rejuvenecen para los canales culturales que, por no perder el tren de los acontecimientos suelen programar de madrugada, sino también para el espectador ávido de reflejos o militante de una época como esta, nunca tan complicada.

El director argentino Pino Solanas lleva una década construyendo memoria visual a partir de sus trabajos, véase el ya clásico “Memoria del saqueo” (2003) donde la conciencia política y la lucidez de montaje articulan los (inabarcables y oscuros) motivos que se derivaron del corralito financiero que dinamitó Argentina en el año 2001, o “La dignidad de los nadie” (2005) película de bajos vuelos que retrata, dicho bien y pronto, la perspicacia del hambre.


Otros ejemplos que nos indican que esto que nos pasa no es nuevo lo encontramos en “Funny games” (Michael Haneke, 1997) en donde lo que se supone terror y suspense se desvela ahora como la desaparición de una clase social, o “Capitalismo, una historia de amor” (2009) de Michael Moore (el hombre de los adjetivos opuestos), que busca, con su habitual ironía explicita, la escena del crimen de este sistema financiero que ha vuelto a atacar, y por último, no podía acabar el texto sin hacer una breve mención al clásico de los clásicos sobre estos temas, “Tiempos modernos” (1936) de Charles Chaplin. Recupérenlo, siempre es aconsejable volver a cualquiera de los Chaplin disponibles cada tanto, y si lo hacen desde una mirada próxima al 15M, advertirán que sus risas sonarán diferente al verlo comer un zapato con tenedor y cuchillo, al verlo saltar sobre un pie cuando el barco se mueve, cuando sale de la fabrica y solo distingue tuercas, cuando el policía no atiende a razones y cuando, finalmente, no queda otra que colocarse bien la chaqueta y tirar hacia delante sin quitar los ojos del horizonte.

2 vistas0 comentarios