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Una estrella del rock indie americano de visita por Catalunya, reflexiones sobre "From Texas to Arbú

“¿Esta canción la hemos dicho nosotros o la has propuesto tú?” Animic a Will Johnson

Para quien no conoce al cantautor estadounidense Will Johnson y al grupo de folk catalán Animic, como fue mi caso en el momento de ver la película “From Texas to Arbucies”, la sensación que transmiten las primeras imágenes son las de una especie de argumento casi cómico. La propuesta parece ser “Ponga un cantautor en su vida” o, para ser más concretos, “Ponga a Will Johnson en su vida”. Así vemos al cantautor llegar a la casa que le tocó en suerte por medio de un programa de reinserción, en este caso un convenio entre Texas y Cataluña, lo que da lugar a nuevas experiencias, tanto para el músico, por estar en un paisaje totalmente ajeno a sus paisajes, como para la familia que lo recibe, que ve como poco a poco, el músico se hace con sus corazones. Evidentemente, este no es el argumento, y lo empiezas a entender ya con los primeros ensayos. Eso que parece una familia (con niño omnipresente a lo largo de todo el film incluido) es un grupo de música, una comuna musical, con cierto reconocimiento no sólo en el ámbito folk local sino en el universo indie nacional. Se dice de Animic que son como “una familia de amigos que hacen nanas místicas con sus propias leyes”. Will Johnson, por su parte, es una especie de Jeff Buckley que nunca ha tomado cerveza, un Jeff Buckley de conservatorio con una predisposición y una voz increíbles. Se dice de él que es “Un puto genio” (Micah P. Hinson). ¿Qué puede salir de un encuentro así? El documental gira en torno a la preparación del concierto que juntos darán en el festival de música independiente PopArb 2010. A lo largo de cinco días tanto Animic como Will Johnson ajustan y afinan sus inquietudes de forma que juntos llegan a una especie de bocanada musical totalmente personal e intima.

Y aunque las bases de la narración se apoyan en esos ensayos, que son registrados casi como un video clip, también podemos ver los momentos de distención, como barbacoas al pie de la montaña, bodas ocasionales en las que Will Johnson se ve involucrado o conversaciones a media luz sobre el sentido de la música, el hombre y la música en el hombre. Aparte, ayudan a la narración una serie de confesiones aisladas de webcam por parte de la vocalista de Animic y del propio Will Johnson. Estas imágenes rompen un poco con la estética visual del film, que ya de por sí parece no ser importante para el realizador, de hecho, la obsesión por el registro del encuentro con todos sus matices y reflexiones está más allá de una linealidad visual como la que podemos encontrar en otras películas del festival In-Edit de este año, como “Limbo Starr” (Diego Olmo) o “Barcelona era una fiesta” (Morrosko Vila-San-Juan). Toda la película va ascendiendo hacia el motivo del encuentro, que es la noche del concierto, pero finalmente entendemos, por el espacio que se le termina otorgando al “gran día”, que lo importante no era el fin sino el medio. Como dice el poema del griego Konstantín Kavafis: “No has de esperar que Ítaca te enriquezca / Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje”.

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